Maridajes imposibles

Blancos en libertadYo es que los rechazo. O me da igual. Beber es un placer y comer te acompaña. Pero es imposible conjugar en boca dos fuerzas como estas que aportan acidez y concentración, delicadezas y notas florales que hay que percibir solo bebiendo, manteniendo inmácula la copa de contactos ajenos a la sensibilidad de la fruta estilizada, la finura de la fruta deshuesada, ese fondo de cítricos inquietos, lichi y amielados, los pomelos y las avellanas tostadas.

Rheingau es complejo, largo, con una roca mineral mas dura que en Mosela o Pfalz pero con una soberbia paleta cítrica y maravilloso postgusto, destacando su altivez y penetración aromática, el detalle de hidrocarburos es elemental ya a estas alturas y la viura deja ese detallazo de fruto seco, hierbas con aromas y fragancias elegantes.

Rioja blanca es madurez y crianza impresionante. Melosidad y acidez. Recorrido y bouquet a miel y flores.

De maridaje, nada.

Colegas de sensaciones

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Un momento único: la percepción del bebedor, el simple consumidor debe ser el objetivo absoluto del buen hacedor de vinos. Las inevitables redundancias de que hay vinos para catar, que son vinos ajenos a maridajes de bullicio, feriados o festivos, guateques o grandes comilonas, de silencios de bibliotecas con olor a vaquetilla de élite… es un lenguaje de salon, de media copa, de miradas por reojo para ver quien escucha y quien levanta más la voz para dejar la frase en el marmol…Con dos o tres euros o cuatrocientos te bebes un buen vino sin lugar a dudas.

Si es mediodia te abres la copa con un buen vermut tradicional, de alambique en la trastera o similar; si es un vino ácido por las mismas te viajas al Mosela soleado y te quedas con la muestra. Y si alargas la tertulia entre almendras, olivas, chipirones o concha finas aquí tienes esta manzanilla casi casera, de super, de clase, medida y respetuosa con lo que hagas.

El Falkenlay es suavemente picante, expresivo y aromático con una pronunciada nariz a fruta cruda sobre agua de rosas y especias (tomillo y anis) con un arrastre de notas botritizadas, una hermosa textura ofreciendo la perfecta expresión del riesling manual, especialmente delicioso.

 

 

Despacho de vinos. Y en un lenguaje universal…

Echarle horas a las cosas, junto a la ensaladilla rusa, unas gambas del mercado, el trocito de queso o los cortes perpendiculares del jamón, la tiza que todo lo anota y el mastiqueo de lo salino y su bombardeo de medio sol, la cuchilleria y la calle con su esparto.

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La manzanilla, el trago por el paseo y las miradas en la calle hacen del dia una holgazana manera de vivir inigualable.

Yuste. La teoría perfecta, impulso e inevitabilidad

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Barrioalto. Inmóvil, encanto y declaración de principios. Mucha mar pero de poniente a mi manera de beber, estira más la sequedad que la acidez con notas marítimas. Es muy larga. Hay que esperar un poco en el buchito de 2ª para que no nos coja el vicio y machaque un poco el sentido de la intransigencia. No es punzante pero aquí se mezcla todo. Es la ceremonia de los matices. Menta, avellanas y hasta pasas. Buena crianza y un final que recuerda a levaduras, mantequilla, toques de maderas y hasta pequeña dosis de compota de ruibarbos, tan incisivos, arrastrando fruta, nueces y frutos secos…La persistencia de esta manzanilla es como una larga calada de tabaco rubio, aceitunas y más…