El pequeño reglar recién instruido en diversas contiendas verbales para los artilugios mas conspicuos que actualmente ayudan al precursor de vinos, entendamos por vino el que está bien hecho aunque tenga cánones; pues bien, este pequeño anacoreta con su herramienta de precipitados, ordenes y recomendaciones que van a promover el resultado deseado está en un trance actualmente.
Perdido no es lo que parece exactamente, yo creo que el muro patriótico del vino se derrumba, las identidades desaparecen y todo se encamina a una cosmogonía única pero compartida.
Catas, cursos, kits para entender el vino, aromas embotellados, el lujo del sol o la umbria para los pagos mas influyentes, el maridaje y el gastrónomo atizando el fuego, el fogonero abarloando la nave en la mejor disposición de medios y mantras que lo hagan entendible, todo para explicar, hacer el discurso, entronizar la batalla del medio y la barbarie. Villas y villages, terroir y terruños, pueblos y aldeas, todo tipo de mancomunidad y cascajos, vinos de barrio y diseminados, que puedan identificar al uno del otro para que la uva, la viña, se sienta cómoda antes de salir en botellas hacia las butiques, fineshops. Han muerto las Denominaciones de Origen, se van a acabar en breve. No hacen falta.
Todos han vuelto las miradas al Reino Animal: han nombrado sucesor de los parabienes y nomenklaturas a dos regiones francesas que no han manchado para nada sus orígenes, bueno, el hombre es un poeta muerto que es cuando mejor riman sus versos, y esto hacia falta, un parque natural llamado “Unesco” que va de paraguas. Imposible comprar vino salvo que Labouré-Roi no sea un atentado, un signo del buen gusto de las guias y sus emprendedores.
El Sur, las ensenadas, las orillas maltratadas aun son muy pequeñas. El Sur ni siquiera será infinito.
El pequeño reglar anda escafandreando en el mundillo de las notoriedades y predice que quienes escriban mal o quienes opinen en malos sitios (no se si llamarlos webs), se dejen llevar por las pasiones de los vinos sin puntuaciones o por los amigos de guruleros y demas fanfarrios, farfullos y benedictinos del tintorro premiado sean anatemizados con probar vinos sin certificado de autenticidad. Terrible. La industria del favor crece. DHL y UPS son de los más caro para estos envios engorraos pero seguros, pagas una buena diferencia y si el vino vale menos que el asiento en primera no importa, la coletilla de ha valido la pena, esta familia se lo merece o tiene “parker”, como aquel que tenía “francés”, se justificará ella misma.
Apañaos estamos. Todos los que hemos bebido vinos estos dias de calorreo, de ese que te cabrea como nada, te trae moscas y te acidula la siesta sabemos que sin listas no hay vino y, tu lo sabes, sin listas no es bueno. Para esos estan los amigos y lo que escriben.